Dr. John Sarno: qué sigue vigente de sus teorías 

Introducción

Si has llegado hasta aquí es muy probable que hayas leído alguno de los libros del Dr. John Sarno o que alguien te haya hablado de su famoso Síndrome de Miositis Tensional (TMS).

Y si es así, quiero empezar diciéndote algo importante.

No escribo este artículo para desacreditar al Dr. Sarno. Todo lo contrario.

En mi opinión, fue uno de los médicos más valientes e influyentes en la historia reciente del dolor persistente.

Cuando prácticamente todo el mundo explicaba el dolor únicamente desde el daño en los tejidos, él se atrevió a plantear algo revolucionario: que muchas personas podían sufrir dolor sin que existiera una lesión que lo justificara.

Solo esa idea ya cambió la vida de miles de personas.

Sin embargo, Sarno desarrolló su teoría en una época en la que todavía sabíamos muy poco sobre cómo aprende el cerebro, cómo construye la experiencia del dolor o cómo funciona realmente el sistema nervioso.

Por eso no creo que sus teorías deban rechazarse.

Creo que deben actualizarse.

Y precisamente eso es lo que quiero hacer en este artículo.

¿Quién fue el Dr. John Sarno?

John Sarno fue un médico rehabilitador estadounidense que dedicó gran parte de su carrera al tratamiento de personas con dolor persistente.

Observó algo que llamaba poderosamente su atención.

Muchos pacientes presentaban un dolor intenso durante meses o incluso años, pero las pruebas médicas no encontraban una lesión capaz de explicar ese sufrimiento.

Aquella observación le llevó a desarrollar el conocido Síndrome de Miositis Tensional (TMS).

Una teoría que, décadas después, sigue ayudando a miles de personas a replantearse la relación entre el cerebro, las emociones y el dolor.

Lo que el Dr. Sarno vio antes que muchos otros

Hay algo que siempre me gusta reconocer cuando hablo de Sarno.

Y es que fue capaz de ver algo que muchos profesionales de su época pasaban por alto.

Observó que numerosas personas vivían convencidas de que su cuerpo estaba roto.

Que una hernia significaba una condena.

Que una artrosis explicaba inevitablemente el dolor.

Que una lesión sufrida hacía diez años seguía siendo la responsable de todo lo que ocurría hoy.

Y Sarno empezó a cuestionar esa explicación.

En una época en la que prácticamente nadie hablaba del papel del cerebro en el dolor persistente, él fue uno de los primeros en decir:

“Quizá el problema no esté en los tejidos.”

Y eso, para mí, fue un cambio de paradigma.

Entonces… ¿en qué discrepo del Dr. Sarno?

Aquí es donde creo que merece la pena actualizar algunas de sus ideas.

Y quiero insistir en una cosa.

No creo que Sarno estuviera observando un fenómeno equivocado.

Creo que la explicación que utilizó estaba limitada por el conocimiento disponible en su época.

Es algo completamente normal.

La ciencia avanza precisamente así.

De las emociones reprimidas al aprendizaje del cerebro

Sarno explicaba que el dolor aparecía porque determinadas emociones reprimidas permanecían ocultas en el inconsciente.

Hoy disponemos de una explicación diferente.

Sabemos que el cerebro aprende constantemente.

Cada experiencia importante deja una huella.

Genera memorias, asociaciones y aprendizajes implícitos que pueden activarse automáticamente en determinadas situaciones.

Por ejemplo, si un perro nos muerde cuando somos pequeños, es posible que años después sintamos miedo simplemente al ver otro perro.

No porque el miedo estuviera reprimido.

Sino porque el cerebro aprendió que los perros podían representar una amenaza.

Con el dolor ocurre algo parecido.

Desde mi punto de vista, muchas de las situaciones que Sarno describía pueden entenderse mejor hoy como aprendizajes del sistema nervioso, más que como emociones reprimidas.

El fenómeno observado puede ser muy parecido.

Lo que cambia es la explicación.

¿Las emociones producen dolor?

Aquí también haría un pequeño matiz respecto a la teoría original.

Las emociones influyen en el sistema nervioso.

Influyen en nuestra atención.

En nuestro estado fisiológico.

En cómo interpretamos lo que ocurre.

Pero eso no significa que las emociones, por sí solas, produzcan dolor.

Si así fuera, todas las personas con miedo tendrían dolor.

Y eso no sucede.

Lo que hoy sabemos es que el dolor aparece cuando el cerebro concluye que existe una amenaza suficiente para proteger una parte del organismo.

Las emociones pueden formar parte de esa valoración.

Pero no son la única explicación.

Del estrés como causa al estrés como modulador

Sarno otorgaba al estrés un papel protagonista.

Y aquí también creo que la neurociencia actual nos permite afinar esa idea.

El estrés puede aumentar la sensibilidad del sistema nervioso.

Puede favorecer un estado de vigilancia.

Puede hacer que el cerebro interprete determinadas situaciones como más peligrosas.

Pero el estrés, por sí mismo, no explica todo el dolor.

Forma parte del contexto que el cerebro utiliza para valorar si necesita protegernos.

¿Qué sigue vigente del Dr. John Sarno?

A pesar de estos matices, hay aspectos de su trabajo que considero extraordinariamente valiosos.

Enseñó que el cuerpo no siempre está roto

Fue uno de los primeros médicos en explicar que muchas alteraciones observadas en resonancias o radiografías también aparecen en personas sin dolor.

Hoy sabemos que eso es cierto.

Devolvió esperanza a miles de personas

Cuando todo el mundo les decía que debían aprender a convivir con el dolor, Sarno les transmitía un mensaje muy distinto.

Les decía que podían recuperarse.

Y ese cambio de expectativas puede ser enormemente importante.

Introdujo la educación como tratamiento

Explicaba.

Enseñaba.

Respondía preguntas.

Desmontaba creencias.

Hoy la educación en neurociencia del dolor sigue siendo uno de los pilares fundamentales del tratamiento del dolor persistente.

Animaba a recuperar la vida

En lugar de reforzar el papel de enfermo, animaba a sus pacientes a volver poco a poco a hacer aquello que habían dejado de hacer.

Y esa idea sigue siendo muy coherente con muchas intervenciones actuales.

Mi opinión sobre el Dr. John Sarno

Si hoy hablamos del papel del cerebro en el dolor persistente es, en parte, gracias al trabajo del Dr. John Sarno.

Fue un pionero.

Abrió un camino cuando muy pocas personas estaban dispuestas a recorrerlo.

¿Creo que todas sus explicaciones siguen siendo válidas?

No.

Pero tampoco creo que deban rechazarse.

Creo que muchas de sus intuiciones pueden entenderse hoy desde una base científica mucho más sólida gracias a los avances en neurociencia, aprendizaje, memoria, procesamiento predictivo y biología del dolor.

Por eso no me gusta hablar de sustituir las teorías del Dr. Sarno.

Prefiero hablar de actualizarlas.

Porque, probablemente, si él hubiera tenido acceso a todo lo que sabemos hoy sobre el cerebro y el dolor, habría seguido evolucionando sus propias ideas.

Y, sinceramente, creo que esa es la mejor manera de honrar su legado.

Conclusión

El Dr. John Sarno cambió la forma en la que miles de personas entendían el dolor.

Nos ayudó a mirar más allá de la lesión y a cuestionar la idea de que el dolor siempre refleja un daño en los tejidos.

Hoy la neurociencia nos permite ir un paso más allá.

No para negar su trabajo, sino para comprender con mayor precisión por qué muchas de las personas a las que ayudó consiguieron recuperarse.

Porque la ciencia no avanza destruyendo a sus pioneros.

Avanza construyendo sobre ellos.

También te puede interesar:

Compartir esta entrada